Escrito por Julieta Colombram    Martes, 27 de Abril de 2010 18:25   
Representación política y participación ciudadana
voto
En la Argentina vivimos bajo un régimen de democracia representativa. Esto significa que los ciudadanos no ejercen el gobierno directamente, si no que se realizan elecciones periódicas en las que ellos eligen a quienes representarán mejor sus intereses, en el Poder Ejecutivo y Legislativo. 

Retomando uno de los significados más básicos de la representación política podríamos decir que consiste en la selección de candidatos que, los ciudadanos estiman, tomarán decisiones en beneficio del interés público.

Es una realidad que la cadena que une a representantes y representados no es inquebrantable y que de hecho se ha roto en nuestro país. He allí la tan nombrada crisis de representación argentina. Si bien es posible que se haya gestado mucho tiempo antes, la crisis se hizo patente en las elecciones legislativas de octubre de 2001, en las que se presentaron cantidades inéditas de votos en blanco y nulos. Evidentemente la ciudadanía estaba disconforme con sus representantes y estaba realizando un llamado de atención importante para los partidos y la clase dirigente.

El interrogante que surge es si es posible ensayar una solución a esta crisis de representación. 
Las diferentes administraciones, sobre todo nacionales, han intentado en reiteradas oportunidades la fórmula de la reforma política. Diferenciando la “vieja” de la “nueva” política, han buscado reivindicarse ante los ojos del electorado. Sin embargo, no podemos decir que han sido exitosos es su empresa. El último informe de Corporación Latinobarómetro (2009) indica que solo el 7 por ciento de los encuestados en el país creen que la actual administración nacional está gobernando para el bien de todo el pueblo.

¿Es factible creer que la participación más comprometida de los ciudadanos sería parte de la solución? Probablemente, sí. Tal como sostiene Natalio Botana, participación ciudadana y representación política son dos caras de la misma moneda: la ciudadanía. 

Ahora bien, ¿qué forma debe adquirir la participación ciudadana? Es decir ¿de qué manera podrían los ciudadanos participar más activamente en los asuntos públicos? ¿Sería conveniente la adopción de nuevas formas directas de participación del electorado? Probablemente, no. No son pocos los intelectuales que sostienen que la participación directa de los ciudadanos no implica necesariamente un aumento de la calidad democrática. 

Por otra parte, la participación directa de la ciudadanía en la toma de decisiones de gobierno resulta ilógica, tanto por una cuestión física y numérica, como de información. Esto último hace referencia a la disponibilidad de información y la capacidad de los ciudadanos para procesarla para la toma responsable de decisiones. Es justamente éste uno de los propósitos más importantes que para teóricos como Alcántara Sáez  tienen los partidos políticos: el de brindar información básica y explicaciones a los ciudadanos para facilitar su comprensión de la realidad. Los partidos no podrían ser reemplazados como instrumentos naturales de la representación ciudadana.

Es por ello que volviendo a la pregunta sobre que forma debería adquirir la participación  ciudadana, existirían dos formas preferibles de incrementarla: por un lado, mejorando el funcionamiento de los partidos políticos. Esto permitiría que vuelvan a ser vistos por los ciudadanos como verdaderos articuladores de intereses, canalizadores de demandas y los encargados de reclutar legítimamente a sus candidatos. Al mismo tiempo que recobran la confianza en ellos, los ciudadanos podrían volver a involucrarse en la militancia política. Así mismo, la participación podría incrementarse a través del apoyo a -y porque no de la participación en- aquellos organismos abocados al control gubernamental. Hablamos básicamente de las organizaciones de la sociedad civil creadas con el objetivo de auditar la labor de los gobernantes durante su gestión, que pueden a través de su tarea “obligar” a nuestros representantes a mantenerse del lado de los intereses de la mayoría. Así estaríamos aumentando la participación ciudadana y, consecuentemente mejorando la calidad de la representación democrática. 

Ahora bien, ¿qué influencia puede tener todo esto en la actualidad política de los argentinos? Podría decirse que la crisis de representación en nuestro país se ha traducido en un aumento de la desconfianza hacia la clase dirigente y los partidos políticos. Las identificaciones partidarias se han vuelto menos relevantes para los ciudadanos, ya que a sus ojos los partidos y los políticos “son todos iguales”. Definitivamente no será fácil para la clase dirigente ni los ciudadanos recomponer el vínculo político en nuestro país. 

 
Autor de la nota: Julieta Colombram

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