|
|
| Rafael Bielsa: “La política argentina se parece a un bar de solos y solas” |
|
El ex canciller critica la actitud mezquina de un sector del arco opositor y llama a Pino Solanas a “pensar un poco más en la patria”. Convencido pero no obsecuente, cree que el kirchnerismo ha apostado por los desposeídos, como ningún otro Gobierno desde el ’55. “Siempre que hubo que tomar decisiones, el kirchnerismo lo ha hecho protegiendo a los sectores más vulnerables y perjudicados por una matriz de injusticia”, reitera convencido el ex canciller Rafael Bielsa. En una extensa charla con Politicargentina, Bielsa instruye con una visión de estadista, sin dejar de lado el análisis de la coyuntura política del momento. -¿Qué opinión le merece la ley de Reforma Política? -La primera consideración es que nosotros como sociedad somos capaces de pervertir los diez mandamientos. Entonces siempre pienso que el problema de la República Argentina no es de carencia de normas, sino del acatamiento de éstas. El sistema lo conozco muy bien, porque di y gané internas en Santa Fe, y me parece que una interna obligatoria simultánea es algo muy importante porque, en primer lugar, permite especificar dentro de dos propuestas en un mismo espacio, cuáles son las diferencias para los que pertenecen a ese espacio. En mi caso, el riesgo que se corre es que, cuando la otra lista, en este caso el socialismo –que se pasó la vida reclamando internas, pero fue con un solo candidato, o sea, no dio internas-, al dar por descontado que ese candidato iba a ganar, se vuelquen y voten en la interna del Partido Justicialista al candidato que les parece menos peligroso para contender con su propio candidato. -¿No cree que tenga algún aspecto positivo? -Claro que sí: lo que tiene que ver con la democratización de los espacios publicitarios; entiendo que no es una exageración pedirle a un partido político un piso de representatividad popular, al contrario, creo que va a obligar a los que están por debajo de ese piso –que tienen más coincidencias que diferencias- a hacer un esfuerzo para presentarse de manera conjunta; es un sistema que está totalmente en coincidencia con la prescripción constitucional de que el sistema democrático argentino es de partidos políticos. En términos generales creo que es una buena norma, perfectible, como todas. A mi modo de ver le falta el sistema de boleta única, que es un mecanismo que disuade el robo de boletas y da más transparencia, pero me parece un buen comienzo en la intención de hacer más noble la contienda electoral.
-No cree que tienda al bipartidismo. Aquí Bielsa hace una reflexión imperdible, por lo que el cronista decidió reproducirla íntegra: “Ni el bipartidismo es necesariamente malo ni el multipartidismo es necesariamente virtuoso. (Giovanni) Sartori te dice una cosa muy cierta, y es que la gobernabilidad no depende tanto del número de partidos, como de la distancia y de las polaridades. Si la distancia entre la expresión de derecha más cerril y la de izquierda más terminante es corta, hay gobernabilidad, aunque haya dos partidos. Si la distancia es larga, a pesar de que haya dos partidos, el país no es gobernable. Y el mejor ejemplo te lo da Uruguay, que está partido en dos de manera no desgarradora. Hay una parte muy importante de la ciudadanía uruguaya que optó por una expresión de derecha neoconservadora liberal, en nuestro sentido, no en el norteamericano, que fue la expresión de Cuqui Lacalle. Y la otra porción votó a una voluntad de izquierda moderada como es la liderada por Mujica. Lo que pasa es que la polaridad entre ambas expresiones es corta. Entonces, ni los que votaron a Lacalle creen que Mujica es una amenaza y viceversa. Eso garantiza una estabilidad bipartidista en el Uruguay que permite la gobernabilidad. Ahora, si esa polaridad fuese muy larga, por más que hubiesen dos o cincuenta partidos, eso es muy difícil de controlar y ahí el país se desequilibra.” -Y aquí, siendo que hay dos partidos que otrora han caminado juntos, ¿por qué hay tanta belicosidad? -Hay varias cuestiones: la mayoría de la gente no se siente representada por la expresión partidaria que adhiere a sus valores. La segunda cuestión, es que no creo que haya pocas diferencias entre una expresión de país que pueda tener en su minúscula mente, Mauricio Macri, y el pensamiento de país que puede tener el espacio nacional y popular. Este señor Cristiano Ratazzi todos los días nos aturde los oídos, a pesar de que vivió pocos años en Italia, en un español macarrónico, con que tenemos que volver a las recetas del Fondo Monetario Internacional, que el Estado no debe intervenir en la economía y que hay que dejar que el mercado haga su obra. Todas recetas que no solamente fueron enormemente perjudiciales para la Argentina, sino que, en este momento, en el mundo, han sido dejadas de lado.
-Exactamente. Entonces, ese individuo tiene un pensamiento que pretende derogar el hecho de que las instituciones financieras internacionales, con los derivados, produjeron una multiplicación de dinero ficticio que se despegó tanto de la economía real que produjo, por ejemplo, lo de Dubai World. Lo que evidencia que la crisis, no sólo no se terminó, sino que el mundo es un barco que navega sin rumbo. Se está reformulando sin que haya un orden concreto de operación, porque no hubo un episodio bélico con un ganador claro. Esto no es Yalta ni tampoco es Bretton Woods; es una cosa distinta. Habría que buscar precedentes históricos, pero no alcanzan los relativamente inmediatos. Hay una enorme polaridad en el pensamiento del rumbo de dirección que debería adoptar la Argentina en el concepto internacional, y hacia el interior de sí misma, en el pensamiento –si es que esto existiera- de Macri y en el del campo nacional y popular.
-¿Entonces el problema es que los actores de reparto no logran un consenso?
-Me parece que el problema argentino es muy complejo en ese sentido: por un lado, hay gente que está en distintos partidos que esencialmente piensan lo mismo, pero que no ejecutan alianzas por razones de ambición personal. Por eso digo que la política argentina se parece a un bar de solos y solas, entonces en lugar de hablar de ideas, hablás de personas; cuando hablás de personas, hablás de humores, más que de convicciones; es por eso que tenemos grandes comentaristas del espectáculo político, Riales de la política, como sería Elisa Carrió, que todo el tiempo está hablando de los humores de los demás: una lectura folletinesca o de solapa de Hanna Arendt. Y por otro lado, creo que un tipo como Ricardo Alfonsín o como Margarita Stolbizer tienen mucho más que ver con el pensamiento del campo nacional y popular de gente que está dentro del Frente Para la Victoria. Por otro lado, hay partidos que se están constituyendo, por ejemplo Proyecto Sur, de Pino o el proyecto de Sabbatella, que hacen un enorme esfuerzo –menos Sabbatella que Pino- en diferenciarse de un Gobierno que ha materializado reivindicaciones históricas impensadas, que ha derogado mitos urbanos –como que seis tapas de Clarín voltean a un Gobierno-, hacen ese esfuerzo para mantener la singularidad, para poder instalarse como alternativa. Cuando en realidad habría que ser un poco más generoso, pensar un poco más en la patria.
-¿Por qué hay –al margen de Pino y Sabbatella- tal falta de estatura en la oposición? ¿Y si, debido a esto, para 2011 no ve a otro que a Néstor Kirchner? -En primer lugar, creo que en Argentina las clases medias culturales tienen algunas confusiones conceptuales, que a mi modo de ver hay dos o tres más importantes. La primera es que la Argentina no distingue popularidad de prestigio. La popularidad, la fama, son fenómenos resplandecientes que, por su propia definición, son efímeros, porque están sustentados de una manera circunstancial… -El “votame, votate”… -Sí, e inclusive en el espacio mediático. Algunos pueden consumir ciertos productos populares, lo que no significa que sean prestigiosos. La gente distingue muy bien esos dos aspectos, sin embargo, en el ámbito político, en una sociedad que está tan clavada en la coyuntura, que no tiene una mirada de largo plazo, la popularidad tiende al error. Entonces, cuando alguien se enciende como Cobos después de la 125, las polillas se acercan a la farola. Pero el fenómeno es de luminosidad. Nadie para a pensar si hay, en ese fenómeno, más popularidad que prestigio y viceversa. Sin embargo, creo que hay personas y personas. De hecho, me parece que transitando el camino, dándole un poco de tiempo a algunos dirigentes como Stolbizer, no tardan en darse cuenta la diferencia, porque bien podría haber sucedido que Cobos, después de esa actitud, hubiese tenido una actitud correlativa y coherente con el voto no positivo: “Yo voté a conciencia, estos son mis principios, no tengo otros a cambio. De manera tal que, aunque parezca que estoy reeditando el episodio Chacho Álvarez y esto me condene políticamente yo no puedo seguir formando parte de este Gobierno”. No lo hizo. Y hay gente que percibe esto.
-Usted ha asegurado que el kirchnerismo ha tomado decisiones a favor de los desposeídos. ¿A qué se refiere especificamente? -A la asignación universal, a la ley de medios, a la negociación con el Fondo Monetario Internacional, a la renegociación por la deuda, a la nacionalización de los fondos de las AFJP –ninguna de las cuales hizo un solo juicio. Me parece que esta cosa de circo de tres pistas de la sociedad argentina, que cuando el diario no trae ninguna mala noticia el habitante urbano se consterna, porque piensa que algo terrible está pasando, porque nada terrible es enunciado. -Antes de 2003 usted dijo que el próximo presidente tenía que ser un gran administrador. Y para 2011 que tiene que ser inobjetable desde el punto de vista moral. ¿A quién ve?
-Yo decía que tenía que ser un gran administrador antes de verlo a Néstor Kirchner. Me parece que en el principio está la idea; después, aparecen o no intérpretes. La apelación a la ejemplaridad en mí tiene que ver con lo siguiente: al pueblo no hay sólo que evocarlo e invocarlo, también hay que convocarlo. Y a mí me parece que nosotros no hemos hecho muchas apelaciones al pueblo. Por ejemplo, por qué razón -me parece un absurdo- nosotros comemos en Puerto Madero el ojo de bife al mismo valor que un kilo de Audi, a un precio subsidiado. Preferiría, o que lo pague la gente que lo quiere comer, al precio de un kilo de Audi, o que se exporte. Y en esa exportación haya retenciones y con eso poder subvencionar gastos sociales. Eso implica convocar al pueblo, a los que nada tienen, a decirles: “Miren, señores, es muy difícil pedirles paciencia. Pero lo que les pedimos es la siguiente operación: si ustedes, mañana se sienten un poquito mejor que hoy, y hoy se sienten un poquito mejor que ayer, marchemos juntos”. Una épica colectiva. Ahora, pedir un sacrificio colectivo, sólo alguien inobjetable puede hacerlo, porque es muy difícil pedir privación si vos tenés mucho.
|