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| Jorge Coscia: “El Gobierno ha beneficiado a actores que están en contra de este modelo” |
El secretario de Cultura de la Nación recibió en exclusiva a Políticargentina y habló de todos los temas que hacen a la coyuntura política: la resolución de la Corte Suprema frente a la ley de Servicios Audiovisuales, el “proceso de digestión” que están llevando a cabo los sectores medios y el supuesto autoritarismo del Gobierno. Además, explicó la relación entre el peronismo y la clase media cacerolera, e hizo un imperdible análisis sobre la mecánica de 678.
“(Néstor) Kirchner decía: ‘Cinco de cada diez veces, esta es mi verdad relativa’. ¡Qué violento, Dios mío! ¡Cuánta violencia! Claro, es violencia cada vez que se reparte la torta a favor de las mayorías”, determina el secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, en relación a las chicanas sobre el sospechado autoritarismo del Gobierno. Además, el ex titular del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) reniega de “esa naturaleza egoísta que es parte de la condición humana, que hace que, con el plato lleno, nos preocupe el plato del otro”. -En su nota de Página12 “La media vuelta”, José Natanson cita a “Historia de la clase media argentina: apogeo y decadencia de una ilusión”, de Ezequiel Adamovsky, que plantea que, frente a la irrupción de las masas obreras, un sector de la sociedad se encolumnó detrás del mito de la Argentina blanca, y se hizo anti-peronista por omisión. ¿Está de acuerdo con ese concepto? Salvando las distancias, ¿es lo que sucede hoy en día? -Creo que en las sociedades vivas, los agrupamientos y las rupturas se dan todo el tiempo, y, sin duda, la irrupción del peronismo tiene distintos momentos. En un principio, sectores de la clase media lo acompañan, pero cuando ven el ascenso social de los Descamisados, de los llamados cabecitas negras, les produce una inquietud. También, hay algunos errores del peronismo con estos sectores medios, que son ínfimos comparados con los de (Joseph) McCarthy, en Estados Unidos; de (Francisco) Franco, en España; de (Iósif) Stalin, en Rusia. Pero debemos plantear que la mejor opción cultural no fue (Raúl) Apold. Ni (Oscar) Ivanisevic. La mejor opción era (Enrique Santos) Discépolo, (Arturo) Jauretche, Homero Manzi. Lo que hubo fue una batalla cultural que, de alguna manera, el peronismo pierde. Porque los sectores de la oligarquía y el poder concentrado lograron arrastrar a enormes porciones de la clase media motivados, en parte, por este temor de al ascenso social de los más pobres. -Eso es lo que se podría encontrar en los sectores medios, en relación al ascenso de los humildes, que generó el peronismo. -Exacto. Y que se ha dado, se ha armado y se ha deshecho reiteradamente, porque luego de la caída del peronismo aparecen en los sectores medios, los hijos de los gorilas de clase media, que se acercan al movimiento, porque descubren las desventajas reales del antiperonismo: una universidad intervenida, la represión, la ausencia de democracia, el achicamiento de la Argentina, el retroceso nacional, la pérdida de oportunidades de empleos. Esos son los sectores que se acercan a los obreros del Cordobazo. Hacen renacer al peronismo de una característica muy particular, que es el peronismo revolucionario, que tampoco se puede decir que comprende todo lo que era (Juan Domingo) Perón y el peronismo. -Asumiendo esos errores del peronismo y trasladándolos al kirchnerismo, ¿no cree que el desdén de este último por reconquistar a la clase media contribuye a la división maniqueísta que plantean algunos medios? -Prefiero una opción dialéctica a preguntarme si la culpa es de la política o de la sociedad. Me parece que este proyecto iniciado en el 2003 ha modificado a favor las condiciones de la clase media argentina, de la clase trabajadora, de los excluidos y del conjunto de la sociedad argentina. Te diría que, incluso, de cierta burguesía nacional y, por qué no decirlo, de ciertos sectores concentrados del campo. Este Gobierno ha sido inclusivo al punto de beneficiar a actores que están en contra de este modelo. Eso marca la diferencia con el otro campo, porque tiene un proyecto que de concretarse nos excluiría a los trabajadores, a los pobres, a la clase media. Ahora, el debate no es totalmente económico, de bolsillo: es cultural. Aquí entran en juego otras cuestiones, como el modo de comunicar, de transmitir, de debatir, quién debate, cómo, cuáles son los espacios de debate. Uno es el comunicacional: la TV, la radio, los diarios. Allí hay un grave problema por la concentración de grupos económicos egoístas. -Dando por sentado que el error fue ese desinterés por los sectores medios, ¿cuál fue la virtud del kirchnerismo para crecer en la opinión pública? -Lo que ha hecho bien el Gobierno fue mantener una posición consistente, coherente y persistente como no lo hizo ningún otro, de Perón a la fecha. Ni (Arturo) Frondizi ni (Arturo Umberto) Illia, ni (Raúl) Alfonsín mantuvieron una posición en la que dijeran: “Si perdemos, perdemos con la nuestra”. Lo bueno de este Gobierno es que se ha quedado en el mismo lugar, referencial, de defender un proyecto y un proceso, aun cuando las encuestas le daban mal. Hay gran cantidad de sectores que en 2008 estaban en contra del oficialismo, que hoy se están cuestionando su propia actitud ¿Por qué? Porque cuando salieron a dar la vuelta gorileando, y se dieron cuenta que la causa de la cacerola no era la de ellos, empezaron a ver 678, el debate en los blogs, y en primer término los jóvenes, que tienen un espíritu de transformación y son más cuestionadores, empezaron a decir: “Pero pará, macho, el verdadero poder no está en la Rosada”. El poder está en los medios concentrados, en los grupos económicos, y todos estos tipos que avalaron la desgracia argentina, ahora están en contra del Gobierno. Ahora, ¿qué otras formas de seducción existen hacia la clase media? Estamos en eso. Este Gobierno ha tenido una política de Estado en torno a la industria editorial. El Estado argentino ha aumentado su compra de libros; la CONABIP, la educación. Acá hubo “alpargatas sí, libros no”. Ahora hay alpargatas y libros. -Entonces, ¿usted plantea que la clase media debe revisar cómo estaban antes y cómo están ahora? -Me parece que es muy importante que los sectores medios se replanteen dónde están sus intereses. La clase media prefiere mirarse en el espejo de arriba, pero cuando ganan los de arriba, pierde el espejo y rumbea para Ezeiza o hacia la escalera del descenso. Me parece que la clase media está haciendo un proceso de digestión de conciencia. La gente nos ve debatir con altura, defendiendo ideas, exponiendo argumentos. Ve que no apelamos a la ofensa o al insulto, que es mentira que somos violentos. -Tomo lo de la supuesta violencia para repreguntar algo que, entiendo, tiene una gravedad que sólo Eduardo Aliverti ha sabido expresar. ¿No se siente agredido ideológica y políticamente cuando un periodista –que fue cronista del Operativo Independencia- plantea que puede haber un muerto durante un Gobierno democrático a causa del terrorismo de Estado? -La verdad es que es preocupante, porque más que una prevención parece una amenaza lo que dijo Joaquín Morales Solá; casi diría que es una incitación a que haya un muerto. Este modelo no puede ser reprochado de que defienda sus opiniones, porque lo hace pacíficamente ¿Qué quieren? ¿Que no argumente? ¿Que la Presidenta se calle? Una Presidenta a la que ofenden, insultan. Hoy abrí un mail en el que hay un tipo que dice que al decirle yegua a la Presidenta (titubea incómodo) deberían ofenderse los caballos. Ese nivel de discusión tienen algunos. Esos son violentos, provocadores. Y dicen que hay hasta una sistematización del trabajo en ese sentido. En sintonía con ese concepto, Coscia analiza un episodio entre el programa crítico por excelencia y una de las comunicadoras más influyentes: “El otro día escuchaba en 678 las expresiones de Magdalena Ruiz Guiñazú y eran también amenazantes. Porque fijate que nadie en 678 pedía que se levante su programa, y ella reclamaba a los gritos que se levante 678. Y ponía en una escala de valores virtuosa que su programa funcione con el dinero de las empresas privadas y, como malo, que haya, de las 24 horas de programación diaria del canal público, una dedicada a defender un punto de vista crítico de los medios de comunicación concentrados”. Y concluye: “¿Dónde está el autoritarismo? No hay duda que está ahí, del lado de Magdalena Ruiz Guiñazú, para quien era virtuoso trabajar en el canal público de la dictadura y tratar a (Jorge Rafael) Videla de “señor Presidente”, y es defectuoso que Orlando Barone establezca una crítica a la escala de valores, desde el punto de vista periodístico, que tienen otros colegas suyos”. -Lo corrijo: Barone planteó que los ministros y funcionarios del Gobierno no defiendan más a 678, que ellos podían defenderse sin respaldo. -Eso a mí me va a costar. Que me perdone Barone pero considero que 678 expresa mi punto de vista y me niego a cumplir lo que Barone me pide, porque no puede pedirme que no defienda lo que siento mío. Y ahí no hay nada más poderoso que la verdad. Me permito disentir con el programa, por ejemplo en esto que dice Barone. Porque más que funcionario, en primer término soy un ciudadano argentino y un militante. Entonces, no puedo no defender aquello que me defiende; sería insensato. Podremos hacerlo mejor o peor, y por ahí no les haga muy bien que los defendamos, pero yo lo lamento, es un derecho que tengo. -Usted fue el que impulsó el proyecto de Ley sobre la creación del Instituto Nacional del Libro Argentino (INLA). El proyecto prevé “la creación de un ente público no estatal con el fin de otorgar subsidios y créditos destinados a editar libros argentinos, traducirlos y venderlos mediante un fondo generado por aportes genuinos del sector”. En términos estructurales, ¿puede llegar a ser un complemento para la ley de Medios? -Sí. Hoy hay industria editorial en la Argentina, pero los niveles de decisión están mayoritariamente en el extranjero. Las grandes editoriales argentinas se desnacionalizaron. Creemos que debemos tratar de recuperar soberanía editorial, que es soberanía cultural. Por eso pensamos en una ley que, si bien fomenta el conjunto de la actividad, va a permitir tener una herramienta como el INLA, que permite reactivar las editoriales argentinas, federalizarlas, ayudar a que los autores argentinos no tengan que esperar a ser famosos para que los convoque una editorial, sino que haya un semillero de autores; que el libro argentino se promueva. En ese sentido no hay duda que este diseño con una industria cultural sea complementario de otros. El INLA es una ley proactiva, complementaria y hermana de todas las leyes proactivas e industrialistas que el Gobierno sacó durante la crisis del año anterior, pero también está en sintonía con la ley de medios audiovisuales, con las leyes que crearan el instituto nacional del cine y la ley que quisiéramos sacar –y por la cual estamos trabajando-, que es la ley federal de Cultura. -¿Cree que puede haber un levantamiento popular si la Corte falla a favor de los grupos económicos? -No quiero ni pensar que la Corte falle a favor de los grupos económicos. Por lo demás no soy futurólogo, preferiría no pensar en eso, porque me parece que en ningún caso sería buena una reacción. Si la Corte falla de ese modo sería un hecho lamentable, pero también es parte de la democracia. Es una de las primeras cortes autónomas del poder Ejecutivo que ha habido y me parece que acá hay una gran oportunidad para la democracia Argentina, de que la Corte demuestre su autonomía, no sólo del poder Ejecutivo, sino también de los poderes económicos a los que han sido funcionales otras Cortes. -¿A qué aduce el éxito comercial de algunos libros que, a priori, lo que los distingue es tener una visión crítica del Gobierno? -La buena noticia es que los tres actos más representativos de la Feria del Libro, con más concurrencia, fueron los de la CONABIP –con León Gieco como homenajeado, Osvaldo Bayer, Tristán Bauer, Estela de Carlotto, María del Carmen Bianchi-, seguido por (Alejandro) Dolina y (Diego) Capusotto. Así que vamos a ver la botella media llena. La verdad es que si uno ve la tasa de venta de libros, también hay una relación social. Es decir, (Marcos) Aguinis es un buen vendedor de libros. Venden bien ciertos títulos que, además, tienen muy buena prensa. Pero qué curioso como, en la historia, tipos como (Arturo) Jauretche, (Raúl) Scalabrini (Ortiz), omitidos por los grandes medios de comunicación, se abrieron camino ¿Quién se acuerda hoy de los tipos que les mandaban los discos rotos a Discépolo? Hoy todos cantamos Cambalache. Entonces, hay éxitos efímeros; nada envejece más que lo coyuntural. -De todas maneras, algunos de ellos –no todos, claro está- son escritores respetables. -Por supuesto. Uno no puede decir que (Marcos) Aguinis es un mal escritor. En lo personal lo he leído y lo he disfrutado en más de un libro: La gesta del marrano, El combate perpetuo. Hoy, lamentablemente, como pasa también con (Mario) Vargas Llosa, han devenido en comunicadores cipayos de un modelo cultural que, incluso, es contrario al propio interés de los Aguinis y los Vargas Llosa del presente (sonríe con cara de “¿Te das cuenta?”). Aguinis, Beatriz Sarlo, Vargas Llosa, han descubierto que es mucho más hospitalario, cómodo, estar en el campo cultural de los poderosos, que tienen más diarios, que generan respetabilidad. Un mundo mucho más confortable, que estar del lado más sufrido, transpirado, difícil, riesgoso, en el que estuvieron los hombres que uno más admira. Porque yo puedo disfrutar una novela de Vargas Llosa, pero admiro a Arturo Jauretche, a esos tipos que le han dado un sentido a sus vidas. Vargas Llosa es un hombre que ha malgastado su talento, lamentablemente. Esto le ha pasado a muchos hombres. Hay un (Leopoldo) Lugones, que es el socialista y hay otro que es el de La hora de la espada. Hay un Borges que le canta a (Hipólito) Yrigoyen y al criollaje, y hay un Borges que elogia la dictadura. Hay un Vargas Llosa del realismo mágico de izquierda latinoamericano, y hay otro que es un cipayo contumaz de la cultura hegemónica. Ahora, me parece que la felicidad está en la vitalidad de las causas justas. Y para mí hay un solo tipo de causa justa, que es la que tiene que ver con el beneficio y el interés de las mayorías. -Entendiendo que los escraches y esa escenografía de juicio que llevaron a cabo las Madres no sean los métodos, ¿dónde se da la batalla que, por un tema de hegemonía, no se puede dar en los medios? -Siempre hay lugares. Lo ha demostrado 678, la blogósfera nacional y popular, Miradas al Sur; lo han demostrado las movilizaciones en paz, los afiches con firma, los debates sin faltar el respeto; lo hemos demostrado los que nos hemos sentado en programas de los medios concentrados sin ofender y sin insultar a quienes nos entrevistan, comprendiendo también que esos hombres mañana pueden cambiar, que podemos respetarles ese derecho. Toda transformación encuentra su camino cuando una causa es justa. A mí me dicen: “¿Pero cómo hacés para librar esos debates?”. Les digo: “Es muy fácil: tengo la verdad de mi lado. Es así de simple, tengo razón”. Entonces, el problema lo tienen ellos. A este Gobierno le importa el beneficio de la gente, porque eso ha sido el peronismo también. Uno dice “la revolución, la revolución”: hermano, Dios quiera que no te toque una revolución en serio, porque te vas a ver rodeado de sangre y dolor. Es un espectáculo maravilloso. Es tan maravilloso como estar cerca de un volcán cuando explota, pero te vas a quemar con lava, seguro. Prefiero una revolución que se tome más tiempo, pero que logre transformaciones en paz. -No una ruptura. -No una revolución que devora a sus hombres. Perón toma esa opción. Uno puede cuestionarla; si Perón hubiera dado lucha…Sí, ¿estaríamos vivos? ¿Hubiera vivido mi padre? Es una ucronía, no lo sabemos. Tuvimos, luego, 30 mil desaparecidos. Si Perón hubiera dado pelea no hubiera habido 30 mil desaparecidos, pero tal vez hubiera habido 500 mil muertos. Lo que yo digo es que está vivo el sueño que el peronismo pone en marcha. Y somos nosotros los que tenemos que elegir claramente la opción de la paz. Pero cuidado, no diciendo “perdonen, señores, ¿serían ustedes tan amables de distribuir la riqueza mejor?”, “serían tan amables, por favor, amigos del diario La Nación ¿podrían ustedes no criticar tanto al Gobierno?”. Hermano, si están hablando en voz alta ellos desde hace cuánto tiempo, por qué no vamos a responder del mismo modo ¿No tenemos derecho? Si son ellos los que gritan, los que ofenden, los que insultan, los que escrachan, los que se meten con nuestras familias. Bueno, dejen que los respetemos a nuestro modo. Tampoco, “discúlpeme, no sé si usted tendría que declarar sobre la identidad de sus hijos, si fuera tan amable”. -Y ahí es donde vuelven a discutirse las formas, el “autoritarismo”. Acá el secretario de Cultura se enaltece hasta el paroxismo y realiza un soliloquio sobre 678: “Me parece que hay una gran hipocresía en esto de que el Gobierno es violento. Por favor, ¡no me tomen por boludo! ¡No nos tomen por boludos! Es una de las grandes zonceras…ya no voy a decir más la palabra zonceras, voy a decir pelotudez, porque la palabra zonzo, como ya explico (Roberto) Fontanarrosa, no va. ¡Es pelotudo, la palabra! ¡Basta de pelotudeces! Porque lo que creo que está ocurriendo con 678 –lo voy a seguir defendiendo- es que vos ves una vez 678 y se te desmoronan todos los programas de Joaquín Morales Solá que viste en tu vida, porque te mostraron la mecánica de la mentira. Eso tiene 678, te dice: “¿Ves cómo funciona, hermano?”. Y si vos sos un pelotudo, por ahí no te das cuenta. Pero uno puede ser un pelotudo un tiempo; toda la vida es difícil ser un pelotudo, es casi dedicación full time para ser un pelotudo, y aun el más pelotudo, no es fácil. Basta que aparezca alguien que te diga “che, pará de ser un pelotudo” y vos aflojás. Esto es lo que está ocurriendo. Que muchos pelotudos que salieron con la cacerola en 2008 empezaron a mirar y a decir: “Che, pero nosotros vivimos en tres ambientes, nuestro hijo quiere estudiar ingeniería ¿Tenemos campo?” “No, vieja, lo que tenemos es una maceta en la terraza”. Entonces, la pregunta del millón es: “¿Qué estoy haciendo con la cacerola?: Soy un pelotudo”. Del cacerolazo de 2008 quedaron los vivos, que solo puede juntar gente, convocando pelotudos. Porque, ¿qué es un pelotudo?: un hombre que defiende un interés contrario a sus propios intereses”. |
El secretario de Cultura de la Nación recibió en exclusiva a Políticargentina y habló de todos los temas que hacen a la coyuntura política: la resolución de la Corte Suprema frente a la ley de Servicios Audiovisuales, el “proceso de digestión” que están llevando a cabo los sectores medios y el supuesto autoritarismo del Gobierno. Además, explicó la relación entre el peronismo y la clase media cacerolera, e hizo un imperdible análisis sobre la mecánica de 678.