Escrito por Santiago Reboreda    Jueves, 19 de Agosto de 2010 20:16   
Daniel Wizenberg: “Reivindicar la política es también una posición política”
Daniel Wizenberg es el coordinador general de El Club de la Política, que funciona en el Centro Cultural Caras y Caretas. Se trata de un espacio juvenil de debate para la reivindicación de lo político y en donde se articulan ideas para la discusión, la acción y la construcción política. “La única manera de plantarse frente un interés conservador es anteponiendo un interés popular”, asegura Wizenberg quien además reconoce que “el conflicto es natural de la política”. En el último debate que organizó el Club, estuvieron debatiendo el líder de la CGT, Hugo Moyano y el secretario gremial de la CTA, Víctor Paulón, acerca del futuro de la actividad sindical.

- ¿Por qué nació el Club de la Política?

- Hay sectores que no están interesados en que se reivindique la política porque eso implica una mayor participación de la sociedad en los temas públicos y por lo tanto empieza a existir el riesgo de que se inquiera sobre lo establecido. Esta es una época, en Argentina y varios países de la región, en la que claramente, y no gracias a nosotros, lo político volvió a estar en escena y es posible empezar a incentivar a la juventud a que indague sobre esa idea. Para eso nace el club.

En el Club de la Política participan decenas de jóvenes universitarios. Se creó en diciembre de 2008 y, desde entonces, hacen su propio programa de televisión y sus miembros organizan jornadas de debate para reflexionar acerca de la coyuntura política y temas más abstractos; si bien los debates son abiertos, el club -según se afirma en su página de Internet- “tiene una ideología, una identidad definida en su horizonte político, la cual se ve reflejada en la construcción conceptual que se desarrolla en una Usina de Pensamiento Colectivo.” Actualmente hace pie en Capital Federal y Gran Buenos Aires donde está comenzando a expandirse hacia diferentes provincias del país y Chile.


- ¿A qué factores atribuís que lo político vuelva a estar en escena?

- Cuando el clima de ideas se radicaliza es muy difícil mirar para otro lado y hoy existe un cierto grado de movilización social general debido a que empezaron a quedar al descubierto determinados intereses (conservadores y populares para sintetizarlos en dos) que antes no aparecían tan claramente y que permanecían acallados bajo un falso “fin de las ideologías”; al florecer y aparecer ambos intereses descaradamente en escena, lo que hay es conflicto y el conflicto es natural de la política. Hay política porque la sociedad se moviliza y hay una retroalimentación: la sociedad se moviliza porque hay política. En consecuencia, una gran parte de las nuevas generaciones entra en escena a partir de ahí y le empieza a tomar el gusto a una verdadera democracia, que es aquella en la que los diferentes intereses presentes se pueden ver con claridad y chocan, dando lugar al conflicto.

-¿Y cuáles pensás que son los principales reclamos de las nuevas generaciones?

- Me parece que no se puede hablar de las nuevas generaciones en abstracto, porque como la sociedad en general, cada generación tiene partes con demandas distintas. Sin embargo, con la excepción de las juventudes católicas y de aquellos jóvenes a los que el mercado les colonizó la cabeza, la juventud en general tiende a identificarse ante cualquier bandera progresista, en el sentido de que impliquen un paso adelante en el desarrollo de las sociedades. El debate sobre el aborto, la despenalización de drogas para consumo personal o el matrimonio igualitario son cuestiones que, sin dudas, acercan a la juventud a la política.

- El gobierno nacional impulsó o apoyó en el Congreso de la Nación la sanción de leyes que reivindican algunas de estas luchas que mencionás...

- El kirchnerismo defendió el interés popular en varios casos y afectó determinados intereses (otros no, es cierto) conservadores. Eso hizo aparecer banderas que motivaron a gran parte de las nuevas generaciones y a partir de ello, emergió la posibilidad de una nueva identidad política con su necesario “nosotros” y “ellos”. Después de las elecciones de 2009, y de diversas maneras, el kirchnerismo trabajó mucho en el “nosotros”.

Antes ya había emergido su alteridad: cuando se avanzó con la 125, había un alter ego que era el campo y la vieja oligarquía reformulada; con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, las grandes corporaciones y los sectores concentrados de los medios; para sancionar la ley de matrimonio igualitario hubo que enfrentar a la corporación de la Iglesia.

En todos los casos hubo un sector conservador enfrente que, por definición, quería que las cosas no cambien.

- ¿Y cómo evaluás la política del gobierno nacional con respecto a los recursos naturales?

- En este tema también tenés actores, como Barrick Gold, que tienen intereses conservadores y la única manera de plantarse frente ese interés conservador es anteponiendo un interés popular; que encarne las demandas y el beneficio de “los más”. Uno tiende a pensar que siempre es el momento para anteponer esos intereses pero también hay que entender que se deben gestar las condiciones para que eso pase. En la medida en que pueda haber un consenso y determinados logros, se va a poder avanzar. Es muy posible que, puntualmente en el tema de la minería a cielo abierto, Gioja sea un impedimento, pero hay que entender la correlación de fuerzas en esa provincia, si Gioja pierde San Juan los que se la van a ganar son capaces de privatizar la montaña.

Cuando Jorge Coscia vino al club, le pregunté por este tema, sobre todo haciendo hincapié en el petróleo y otras cuestiones en las que el Gobierno no radicalizó para nada su postura y me respondió con una analogía “de asado” muy buena. Me dijo que la carne no se pone al fuego enseguida: primero hacés el fuego, luego se hacen las brasas, y después llega un momento en que hay que poner la carne y un punto en el que hay que sacarla para que no se queme. En síntesis, el momento depende de gestar las condiciones y de aprovecharlas y eso implica un proceso.

- ¿En varias notas que escribiste parafraseaste a José Pablo Feinmann con “el barro de la política”,  cómo lo definirías?

El barro de la política, que es algo que la clase media suele aborrecer, es el momento más político de la política y por lo tanto menos moral; es el espacio en que el conflicto se hace más latente y en donde, quizás, haya que enfrentarse o incluso aliarse a los “malos” para poder hacer algo bueno. Si vos querés cambiar algo, tenés que construir poder, quizás haciendo alianzas con tipos que no son demasiado puros, porque no existen los mesías, ni los profetas, aunque muchos trataron de serlo. Tampoco van a existir.

En el reino de los hombres vamos a tener que seguir tratando entre hombres, con imperfecciones y contradicciones. Si querés cambiar algo, el barro está ahí y tenés que meterte y lidiar con la gente que naturalmente vive ahí. En el camino de un verdadero cambio, en cualquier aspecto de la vida, no todas las etapas son lindas.

-¿Qué opinás acerca de la emergencia de líderes políticos como Mauricio Macri o Francisco De Narváez?

- Son hijos directos de los años '90, pero reformulados: son una remake de Menem. Maquillan la cara, el aspecto de lo que fue el menemismo porque, afortunadamente, está denostado culturalmente, pero en lo sustancial siguen defendiendo los mismos intereses y promoviendo las mismas propuestas. Si llegaran al poder sería porque han logrado lavar la cara de Menem y no tengo dudas de que seguirían su misma línea.

- ¿Qué te parece el programa de televisión 678?

- Es un muy buen programa aunque a veces uno pueda aburrirse de que repitan las mismas cosas. En este momento, hasta que la ley de medios se verifique en la práctica, es Davíd contra Goliat. Es contrahegemónico fundamentalmente. Va contra lo concentrado. Aunque tenga errores y contradicciones, algunos baches o cosas criticables hay que bancarlo porque hoy es un pozo de agua en el desierto.

Perfil


Nombre: Daniel Wizenberg
Edad: 21 años
Estudia: Ciencia Política en la UBA
Hincha de: San Lorenzo de Almagro

En pocas palabras...


Néstor Kirchner: un hombre que sabe entender la correlación de fuerzas
Marcelo Tinelli: un tipo muy inteligente, que vende mierda, pero que no necesariamente le hace tan mal a la cultura como mucha gente piensa
Mirtha Lengrand: símbolo de la ignorancia
Jorge Rial: un mercenario
Elisa Carrió: una loca
Daniel Scioli: fue muy muy leal en momentos en los que otros tendieron a traicionar.
Juan Domingo Perón: el personaje más importante de la historia argentina.
Barack Obama: un fiasco
Fidel Castro: un cuadro

 
Autor de la nota: Santiago Reboreda

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