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| “El sistema impositivo es antichaco y concentrador de la riqueza” |
Gustavo Grobocopatel, presidente del grupo Los Grobo, habló en exclusiva con Política Argentina sobre los modelos en pugna que disocian al país. Sostuvo que “las retenciones son sojizadoras”, aseguró que “cuando hay evasión, no solamente es responsable el que evade” y continuó el intercambio de ideas con Mempo Giardinelli y Aldo Ferrer.
Gustavo Grobocopatel es una mosca blanca dentro del empresariado local. No le escapa al debate ni se esconde en las sombras, como sus correligionarios de la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA). Tampoco exhorta a volver a las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI), como sí lo incentiva –en un español macarrónico- el presidente de FIAT Argentina, Cristiano Rattazzi. Convencido de que en Argentina se discute poco, este ingeniero agrónomo, de 49 años, recibió a Política Argentina en su informal oficina vecina a Puerto Madero y esto fue lo que surgió. -Usando como disparador el intercambio en Página/12, con Mempo Giardinelli y Aldo Ferrer, ¿por qué da la sensación de que usted encuentra placer en el debate, algo que no se ve en el resto del empresariado? -Estoy convencido de por qué hago las cosas. Me parece a mí que, en general, los empresarios también lo están, sólo que a veces existen costos y riesgos muy grandes. No todo el mundo está dispuesto a correrlos, pero algunos sí. El tiempo dirá si estuvo bien tomada la decisión o no, pero me parece que hay que participar del debate público, en los grandes temas que son importantes para la sociedad. -¿Y cuáles son? -Cómo vamos a crear riqueza, cómo la vamos a distribuir, cómo nos hacemos responsables del medio ambiente, cómo generamos actividades que tengan compromiso con la sociedad. -¿Cuál es su postura frente al Plan Agropecuario Nacional a diez años y la ley de arrendamiento, la cual incluye un ordenamiento territorial? -Yo participo en el plan estratégico que en este momento está liderando el Ministerio de Agricultura, y me entusiasma la idea de hacerlo. Me parece que se está haciendo con una buena metodología. Creo que debe ser amplio, que se deben incluir a todos los sectores de la producción; no debe quedarse nadie afuera, tiene que haber gente de la oposición, también. El peligro que hay es que si no es un proceso colectivo, el Gobierno que viene, si es de otro signo, vuelva para atrás con todo. Entonces, es muy importante, aunque sea ir un poco más lento ahora, pero que sea más sustentable. Sobre la ley de arrendamiento, creo que tiene que haber modificaciones, no puede haber contratos a un año, tienen que ser como mínimo por tres. Para eso no se necesita que se haga una ley nueva; bastaría sólo con derogar un artículo de la ley vigente, que es el Contrato Accidental de arrendamiento, que permite alquilar por un solo año. -Usted ha planteado que debía haber “una revisión del sistema impositivo” que “impulse el proceso de inversión y redistribución en forma equitativa inclusiva”. En relación a esto, ¿no cree que hasta que llegue el momento de la reforma impositiva, las retenciones segmentadas son una forma de redistribución equitativa? ¿Y no considera la evasión fenomenal que hay en el sector agropecuario? -El problema de la evasión se debería resolver fácil poniendo las retenciones a cuenta de ganancias. Además, cuando hay evasión, no solamente es responsable el que evade sino el que permite que se evada. En este caso el Estado es poco eficiente. De cualquier manera, creo que tiene que haber incentivos en la gente a pagar impuestos. Para que haya esos incentivos, tiene que haber un pacto social; es decir, ponernos de acuerdo hacia dónde vamos y de qué manera, y a partir de eso tiene que haber un pacto fiscal, que por lo menos dure 15 o 20 años, para darnos estabilidad. -Pero el país hoy está disociado. -Claro, hay una sociedad que está quebrada, entre unas personas que piensan de una manera y otras de otra. Probablemente los dos sectores tengan razón y lo que hay que hacer es tratar de lograr la síntesis de eso. No es una puja de intereses donde el que gana es el que impone y el que pierde es el que acepta, porque el riesgo que tiene ese sistema de “yo gano e impongo” es que cuando gana el otro que piensa distinto impone todo al revés. Entonces, eso genera shocks permanentes en la sociedad, para un lado o el otro. Eso no lo podemos permitir. -¿Es cierto que si no se rotan los cultivos, los suelos pueden agotarse? -No. El gran avance que ha habido es que la siembra directa hace que no se mueva la tierra, y al suceder esto el riesgo de erosión hídrica y eólica es mínimo. Si lo hacemos rotando cultivos es mejor, pero no quiere decir que si no lo hacés esto es un desastre. En Brasil, y en muchos lugares de Europa no se rotan, aunque no quiere decir que esté bien; es más, la rotación es algo que beneficia al productor, hay un incentivo natural. Si hay más rotación, la productividad es mayor, hay más diversificación, es poner los huevos en distintas canastas. O sea, que el productor no hace rotación, no porque sea un oportunista que no quiere, sino porque se le han dado cosas del contexto que hace que tome esa decisión. Esto está vinculado con el sistema impositivo y el consecuente sistema de incentivos que tienen los productores. Por eso, las retenciones son sojizadoras. -Los Grobo comenzó a producir pastas secas. ¿Esto hubiera surgido sin la quita de rentabilidad a la exportación del commoditie, que producen las retenciones? -Sí, al invertir en hacer molinos, pastas secas, pollos, nosotros en los planes nunca tuvimos en cuenta que las retenciones son una protección estable. Lo hacemos por una cuestión estratégica, de que creemos que hay que agregar valor agregado, de que hay que insertarse en el mundo, de que hay que generar productos con más complejidad, que generen más trabajo en la sociedad. Y también, no sólo lo hacemos por más trabajo, sino por más diversificación de los portfolios de producto que vende la empresa; eso teóricamente daría más estabilidad a nuestros resultados. -En el cruce con Ferrer, él le planteaba que “el efecto de las retenciones puede alcanzarse por otros medios, pero que son insustituibles para establecer tipos de cambios diferenciales, que es lo que importa para la competitividad de toda la producción interna sujeta a la competencia internacional”. ¿Coincide? -En eso no estoy de acuerdo. Creo que se necesitan termómetros que midan la temperatura diferente para saber si tenés fiebre o no. Me parece que la competitividad no está relacionada con el tipo de cambio, sino con la productividad de todos los factores de la producción. Está vinculado con la tecnología, con la capacidad de los recursos humanos y demás. Por supuesto que el tipo de cambio puede ser algo transicional que ayude a formar recursos humanos, a invertir. Si nosotros persistimos en una política de largo plazo que tenga el diferencial de tipo de cambio lo que logramos es perjudicar a los consumidores que van a pagar más caro por productos que son de menos calidad, y finalmente a los mismos trabajadores de esas industrias. Porque si vos estás en una industria protegida, que no aumenta la competitividad, muy probablemente esa empresa no sea sustentable en el largo plazo, no esté invirtiendo en condiciones mejores de empleabilidad. Entonces, no hay estabilidad en los puestos de trabajo logrados. -¿Sigue sosteniendo que el glifosato es inocuo? -Lo único que hago es decir lo que dicen todos los organismos científicos gubernamentales de los 150 países del mundo que utilizan el glifosato y que nunca han reportado ningún tipo de problema, y que es un producto que hace 50 años que se utiliza. Es decir, yo no he visto esos casos y no puedo decir algo distinto a lo que dicen esos organismos. Si el día de mañana estos organismos u otros descubren que hay un problema, habrá que cambiar, pero no es el caso. -En Francia e Inglaterra el uso excesivo de soja transgénica está penado por la ley. -Es una cosa extraña, porque está penado el uso de la soja transgénica, pero todos los alimentos de sus animales que utilizan es soja transgénica. Creo que tiene que ver más con una cuestión de proteger a las industrias europeas, que son menos competitivas que las norteamericanas, y es un problema que hay que verlo como un juego geopolítico entre Europa y Estados Unidos, y el proteccionismo de las empresas Europeas, que no han sabido invertir y las empresas norteamericanas le han ganado esta carrera, por ahora. Porque la realidad es que hay muchas empresas europeas que invierten en este tipo de investigación. Lo que pasa, es que los Estados han tomado una actitud mucho más protectora en función de que muchos votos que vienen para el oficialismo, lo hacen desde partidos ecologistas, que son los que les entregan el poder. -En una de sus notas en Página, usted planteaba como una lógica propia del mercado que haya agricultura sin agricultores, por los avances tecnológicos. ¿Es virtuoso que eso suceda? -No es un tema ideológico ni nada, es una realidad. Hay fábricas que cada vez tienen menos obreros, que se van robotizando. Y cada vez se necesitan menos agricultores, para hacer agricultura, porque la tecnología hace que se puedan hacer más hectáreas con más velocidad y mejor calidad de vida para los agricultores. El problema no es si hay menos agricultores, sino si hay más trabajo con el sistema. O sea, dónde van los agricultores que dejan de serlo. Está medido que hay menos agricultores, con más empleo. Esos trabajos están en los servicios. -¿Por ejemplo? -El sistema produce más granos, entonces hay más camioneros; y como hay más camioneros hay más vendedores de autos; y más gomerías; y más restaurantes que atienden a los camioneros; y hay más ingenieros agrónomos trabajando en el campo; y hay más maquinaria agrícola nueva, entonces hay más metalmecánica; y hay más petroquímicas, porque se usan más fertilizantes, entonces hay más industrias. Entonces, el sistema consume cada vez más empleo. Ahora, no entiendo, realmente, cómo hacen los que defienden la agricultura vieja. Recuerdo a mi abuelo, que vivía en el campo, que yo iba a visitar, y no tenía buenas condiciones de calidad de vida. La gente que hoy todavía subsiste en el campo no vive bien. Entonces, que se quiera proteger al pequeño productor que vive en el campo, para que siga viviendo ahí, en un estado de pobreza indigna, no me parece socialmente responsable. -Sin embargo, en una entrevista radial, el ministro de Educación de Chaco señaló que, gracias a la soja, el PBI crece a tasas chinas, pero que de un total de 1.200.000 de chaqueños, unos 300 mil migraron de los pueblos pequeños. -El problema es la falta de inversión en el Chaco, en procesar esas materias primas. Lo que habría que hacer es fomentar la producción de pollos, de cerdos, de lácteos, para que la gente se quede a vivir en el Chaco. Ese problema está dado porque la gente no invierte en el interior, y porque el sistema impositivo es antichaco y concentrador de la riqueza; las retenciones son concentradoras de la riqueza. En cambio, si tuviéramos un sistema impositivo que genere riqueza en el Chaco, y que esa riqueza se vuelva a reinvertir a través de determinados incentivos lograríamos que la gente se quedara a vivir en el Chaco, en forma mucho más digna de la que vivía hace 20, 30 años. -¿Cree que fue un tema de falta de prevención? -Es que la misma gente que se va es la que trabajaba en la mano de obra, en un producto como el algodón, que sí tenía un gran impacto negativo sobre el medio ambiente. El algodón usa 15 aplicaciones de insecticidas, con labranza, con erosión. Ahora, el algodón en el mundo tiende a reemplazar la mano de obra de cosecha manual, por maquinaria. Entonces, si hubiese seguido el sistema con algodón, también hubiese sido desplazada, porque la maquinaria de cosecha hubiera reemplazado a la mano de obra. O sea, el problema lo hubiésemos tenido igual. El problema no es la soja ni el algodón, sino la dinámica de la tecnología, que hace que tengamos que buscar para esa gente nuevos lugares para darle empleo. Y ése es el gran tema de debate: por qué no se invierte más en el interior. -¿Y cuál es las solución? -Creo que tiene que haber un pacto social que refleje la visión colectiva de la sociedad. Es decir, qué actividades vamos a hacer, de qué manera, cuál es el sistema impositivo, cuáles van a ser los incentivos, los derechos y las obligaciones, las reglas de juego. Por supuesto que habría que dar muchos más incentivos para invertir en el Chaco, en Salta, en Tucumán, en el interior; y eso generaría un aumento en la ocupación de la gente y una reversión del sentido migratorio. |
Gustavo Grobocopatel, presidente del grupo Los Grobo, habló en exclusiva con Política Argentina sobre los modelos en pugna que disocian al país. Sostuvo que “las retenciones son sojizadoras”, aseguró que “cuando hay evasión, no solamente es responsable el que evade” y continuó el intercambio de ideas con Mempo Giardinelli y Aldo Ferrer.